A Practical Look at the First Week

Publicado el 12 de marzo · Talleres y oficios

Cuando decidimos montar el taller de serigrafía en casa, sabíamos que la primera semana iba a ser de prueba y error. Lo que no esperábamos era la cantidad de decisiones pequeñas que terminan definiendo el resultado: qué tipo de marco usar, cómo preparar la emulsión sin que se seque antes de tiempo, y sobre todo, cómo organizar el espacio para que el trabajo no se convierta en un caos de tintas y trapos.

El primer día lo dedicamos a armar el marco con madera de pino y una malla de poliéster de 90 hilos. La tensión fue el punto crítico: si la malla queda floja, el estampado pierde definición y la tinta se acumula en los bordes. Después de tres intentos, encontramos la forma de fijarla con una grapadora de tapicero, tirando desde el centro hacia las esquinas. Es un detalle que parece menor, pero marca la diferencia entre un estampado limpio y uno borroso.

La segunda mitad de la semana la dedicamos a probar pigmentos naturales sobre telas de algodón crudo. Usamos óxido de hierro para un tono terracota y añil en polvo para el azul índigo. La proporción que mejor funcionó fue una parte de pigmento por tres de aglutinante, con un poco de agua destilada para ajustar la viscosidad. El primer estampado salió demasiado espeso y tapó la trama de la tela; el segundo, con menos pigmento, dejó un acabado más parejo y con textura visible.

Lo más útil de esos primeros días fue llevar un cuaderno de registro con cada prueba: cantidad de emulsión, tiempo de exposición, tipo de tela y resultado final. Ese registro nos permitió repetir los aciertos y evitar los errores. Si estás empezando con la serigrafía casera, te recomiendo hacer lo mismo desde el primer día. No hace falta que sea prolijo; alcanza con que puedas leerlo una semana después.

Para cerrar, una nota sobre el espacio de trabajo. Trabajar con pigmentos naturales mancha bastante, así que conviene cubrir la mesa con papel kraft y tener a mano un balde con agua para limpiar las espátulas entre colores. También es importante ventilar el ambiente, sobre todo cuando se usa emulsión fotosensible. Con esas precauciones básicas, la primera semana de taller se vuelve mucho más llevadera y deja tiempo para lo que importa: experimentar y aprender.

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